Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Extraño triángulo de amor

Entonces ella bajaba por Pardo.

Había estado pegada a dos laptops las ultimas 4 o 5 horas de su vida si, dramatizando su relación con la tecnología, siempre.

Necesitaba estirar las piernas. Morirse de frío un poco. Despejar la mente.

Y suena esa canción que la remonta a 2 o 3 de la mañana en ese hogar/habitación/cueva/entre otro tipo de sinónimos que te dan la imagen de un lugar no tan grande, y no tan pequeño, pero agradable de alguna forma.

La versión extendida quizás demasiado pero pionera de aquella canción que escucharon esa última vez en ese remedo de paz que dibujaban sobre sus cabezas, unas incontables veces hasta qué temas densos, patéticos y poéticos empezaron a salir a flote.

Ellos podían estar en acuerdo y en desacuerdo constantemente, sin ninguna aparente molestia, pero nada los había unido tanto como esa canción.

De hecho, nunca habían cantado tan a la par/imperfecta sincronía, una canción completa.

– ¡Ah! Ya veo que tú eres de las que no puedes escuchar una canción completa – le dijo días atrás mientras ella manejaba, donde la conversación era bastante banal como para que se perdieran un poco entre el tráfico, la bulla y la canción de reemplazo que estuviera sonando.

Entonces, volviendo a Pardo, empieza a concentrarse en la letra, en el verdadero significado que se esconde entre cada palabra, cada vocal, cada silencio o al menos eso es lo que ella quiere pensar.

Cada vez que pienso en ti me siento atravesada.

No es problema mío, ni tuyo tal vez, pero siempre termino encontrando el mismo problema.

Es como si quisiera aún vivir esa vida que deseo dejar atrás.

Igual no tiene sentido decírmelo, o decirtelo.

La sabiduría del tonto no te hará libre.

Pero así es como haz elegido existir.

En realidad, todos, a nuestra manera, sin encontrar una explicación concreta o lo suficientemente creíble como para no tener que darle vueltas al asunto nunca más en un buen tiempo.

Y te vi caer muchas veces, pero no las suficientes.

Me quedé esperando ese momento final, donde dijiste las palabras que yo no pude decir.

y luego, no quisiste escuchar más, no me cediste la palabra, no hubo oportunidad.

¿Por qué no podemos ser nosotros mismos como estábamos ayer?

Aunque ya no estoy segura de lo que eso podría significar, ya no creo que seas lo que aparentabas ser.  

Finalmente lo admito, y si hiere a alguien más, entonces nunca podremos ver lo que estábamos destinados a ser.