Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

1:03. Cerro de Puquio. San Juan de Miraflores.

⁃ ¿Lízbeth te parece bien si compartimos tu idea con el resto de la clase? – le digo poniéndome en cuclillas para estar a su altura.

⁃ Ay pero es mi idea, quería tener un modelo único – responde agachando la cabeza mientras sigue decorando su macetita con suma destreza – ahora todos tendrán lo mismo que yo.

⁃ Si… – la miró pensando qué decir para que acepte y que no me odie al respecto – pero ¿no crees que sería chevere y muy bueno de tu parte compartir tu gran idea con el resto de la clase, así todos pueden disfrutarla igual que tú ?

Se me quedó mirando unos segundos, analizando mi compleja propuesta, que la ponía en una situación complicada:

¿Compartir o no compartir? He ahí el dilema.

Le hice ojitos mientras le mostraba mi mejor sonrisa, debo admitirlo.

⁃ Bueno, si ¿no? – responde intentando sonreírme de igual forma y continúa con la decoración – Supongo que si.

La abracé fuerte y me acerqué a Briggite, la otra profesora, para decirle que compartiríamos la idea de Lisbeth con el resto de la clase.

No me pareció el momento adecuado para hacer mención honrosa a mi joven y creativa alumna. Todos estaban hechos unos locos.

Pidiendo plastilina, pititas, colores, temperas de las que sólo quedaban negro y marrón maskin tape que se termino acabando súper rápido y tuvimos que ingeniárnoslas para reemplazarlo.

⁃ Miss ¿me ayuda pegando esto? – me dice Diego mientras veo cómo su macetita se le desparrama entre las manos

⁃ Miss ¿cómo hago esto? – me dice Dayana poniéndome la macetita en la cara, prácticamente.

La clase se pasó rapidísimo. Y aunque la semana pasada no había podido ir porque estaba de viaje, sentí la diferencia entre la dinámica que se formó con ellos el primer día, y la de ahora, nuestra 6ta clase.

Ya para terminar y teniendo un variado conjunto de macetitas algunas terminadas y otras por terminar nos sentamos en círculo y pusimos nuestros trabajos al frente.

Era el momento de la calificación.

Y ahora pensarán:

Claro, esta tipa se jacta de emplear una enseñanza innovadora y más completa, en relación a la tradicional, pero nuevamente recurre a la calificación como determinante del grado de destreza que tuvo el niño o la niña en la clase.

Pero no, se equivoca joven lector.

Nuestro sistema de calificación si es, un tanto, innovador.

Sucede lo siguiente:

1. Saco mi libretita y un lapiz, y los miro a todos muy fijamente, achino mis ojos como si sospechara de cada uno de ellos, y ellos me miran impacientes.

2. Preguntamos a quien le gustaría ser calificado primero. Por lo general todos se señalan entre ellos, se ríen, se esconden, y uno termina perdiendo, usualmente es el que no señaló a nadie.

Si, la viveza del ser humano desde tiempos inmemorables.

Entonces la ronda empieza.

⁃ ¿Cuanto le ponemos a Diego la clase de hoy? – dice Bri alzando la voz

3. Los niños opinan sobre su compañero y rescatan lo bueno que hizo, así como también denuncian comportamientos no apropiados como no respetar el trabajo de su compañero, hacer alboroto innecesario o no compartir los materiales de la mesa

La calificación va desde 1/2 corazón hasta 1 corazón completo, aunque hay veces donde les entra la generosidad y se atreven a calificar con 2 o hasta 3 corazones

Siempre hay alguno, esta vez fue Sofia, que se arrima a mi para ver de qué forma ponía los corazones, lo cual carece un poco de sentido, porque al final todos escuchábamos el puntaje de todos.

4. Seguimos con la ronda, donde Bri y yo, también acotábamos sobre los comportamientos, positivos o negativos, que había tenido cada alumno.

Entonces llegamos a Lisbeth.

Sus compañeras de mesa le dieron un buen puntaje, y en general, el que no había estado atento a su desempeño no tenía mucho que refutar.

Entonces fue el momento de premiarla, de resaltar ese acto que parece tan simple o banal.

⁃ Sin embargo – dije alzando la voz – debo hacer una gran acotación y felicitar a esta señorita, porque ella tuvo la genial idea de ponerle pititas a las macetas para poder colgarlas – los niños se asombraron – ¿No creen que le debemos un gran aplauso por compartir su idea con la clase?

Y todos aplaudieron, y yo le guiñe el ojo.

En realidad, no quería que me agradeciera a mi por reconocer su acción, quería que se agradeciera a si misma, por empezar desde algo chiquito, a ser mejor persona.

La clase acabo, nos abrazamos, y todos salieron apuradisimos para ir a almorzar.

Y de regreso, solo no pude quitarme la sonrisa de la cara.