Tantos rostros,
Tantos roces.
Tantas sonrisas y ojos saltones.
Ojos que se esconden.
Que te sonríen mientras brillan.
Diciendo todo lo que no puedes decir.
Todo comienza ahí, donde todo ya empieza a acabar.
Personas que conoces sin aviso.
Conversaciones en escaleras, en sillones, parados en medio de un bar, atravesando un puente, luchando en contra del viento en la playa, en una motocicleta, en la entrada de un hostel, admirando un castillo, en una terraza, andando en bicicleta, recostados en bancas de un boulevard al otro lado del mundo, frente a una fogata, bajando la montaña de nieve, corriendo en calles vacías, o estacionados frente a un lago congelado, en medio del tráfico, en lo alto de una ciudad, en una puesta de sol, o un amanecer, escondidos en los restos de una feria, una isla, un balcón, el pasadizo de un avión y conversaciones largas en medio de la bulla.
Son extraños,
Son amigos,
Llegan, saludan, se van.
No todos ni ninguno.
Pasas desapercibido, esperando que alguien lo note.
Pero sin esmero, solo basta que lo note para salir de este estado.
- Un café por favor – le digo mientras me seco los ojos con una de mis mangas
suelo llorar cuando bostezo– Necesito despertar -
Te puedo ofrecer coca y maca en vez de café. – me dice intentando evaluar las necesidades de una nueva clienta.
-
Me gusta la idea – respondo sin pensarlo dos veces – sírveme lo que creas que me hará bien – volteo a sonreírle – elige por mi
Despierta.
Busca mejores formas de llevar tu vida.
Todo comienza ahí.
