Me puse entonces, a evaluar mi suerte, consciente que puedo chocarme contra un gran muro de creyentes de la ciencia y no del destino, y quizás también contra otro muro de positivistas fanáticos que solo no quieren ver el mundo como tal, caóticamente jodido con algunas bondades del día a día.
Ningún extremo es bueno, ni saludable.
Esta evaluación sucedió unos meses atrás, durante una situación completamente banal del día.
El sol estaba quemando mi pie izquierdo.
Mi pie, la ventana, el carro, el edificio y la dirección de la avenida estaban perfectamente ubicados para que, los aún ardientes rayos del sol de final del verano, calentaran y quemaran mi empeine izquierdo ok tal vez soy yo exagerando por simple intolerancia al calor y no podía hacer nada al respecto.
Fin.
¿No?
Hubiera sido más sencillo de esa forma.
Seguiría manejando, cantando, bostezando, y seguro sacándole la madre en silencio a algún conductor de combi que aún no se entera de la existencia de las luces direccionales.
Sin embargo, aquel día no llevé el cable del celular, lo que me dejaba a la mano dos situaciones certeras:
1. El sol no iba a moverse en ese momento, eso estaba más que claro. La vida no pasa rápido cuando más necesitamos que lo haga.
2. El nudo que se había armado en el tráfico estaba tan ajustado, que me ataba obligatoriamente a ese lugar por 15 a 20 minutos fueron 25 que se hacen eternos aunque no parezca.
Estaba estancada, pero, no todo andaba mal: había una combi al costado.
Las personas que estaban adentro, lucían un tanto bastante acaloradas.
Cansadas, molestas, aburridas.
– Yo podría estar ahí, pensé.
Entonces alto,
¿Acaso estoy comparando mi grado de comodidad/satisfacción con mi vida con la «mala suerte» de otras personas que tienen que tomar el pésimo sistema de transporte público que tiene Lima?
No quiero responder eso.
Pero no es cosa rara igual, lo hacemos todos, todos los días sin darnos cuenta.
Nuestra fortuna es solo la ausencia de desgracia, y viceversa.
Un poco triste verlo de esa forma. ¿No?
Entonces preferimos no ver.
Subir el volumen de la canción que esté sonando y porqué no, subir también las ventanas y prender el aire acondicionado.
Me pregunté entonces, ¿Cuántas personas se harían estos cuestionamientos?¿Cuántos solo aceptaban la vida como viene?¿Cuántos hacían algo al respecto?
Pausa.
¿Se podía/puede/podrá hacer algo al respecto?
No, no estoy sugiriendo que cada uno de nosotros intente impulsar una campaña de mejora de los servicios públicos, o de mejor planeamiento del tránsito, sería ridículo esperar algún impacto de un puñado de la población, cuando ni siquiera el aparente poder más fuerte que tiene un país, ósea, el gobierno, puede generar este tipo de impacto.
Acotación: ¿En qué momento intenté siquiera tener cierto roce con la política?
Tal vez sea tiempo de hacerlo, un poquito, cada día, todos.
Solo estoy sugiriendo/acotando/exponiendo, que tomar consciencia, en este y otros temas, es gratis.
Y mira cómo nos encanta lo gratis.
No dejemos que pasen por alto cuestionamientos como este, que aunque parezcan banales, tienen un origen más profundo del que aparentan.
Las reformas de transporte público toman siglos en hacerse realidad, o al menos, en llevarse a cabo correctamente.
Todos somos conscientes de esto, sino, observen las supuestas soluciones que se han propuesto y ejecutado en la ciudad.
Es por ello, que dejó algunos tips básicos demasiado, creo yo del caso:
1. Respeten las normas de tránsito
No porque el carro de adelante se pasó en rojo, o creó otro andén, incrementando el embotellamiento, significa que tú también lo vas a hacer.
2. Intenten, en lo posible, acortar su huella ecológica
Nuestro rastro vehicular durante nuestra estadía en el planeta, o, puesto de otra forma, la cantidad de contaminación que genera cada ser humano al transportarte de una forma no eco-amigable.
3. Sean amables
Nadie gana nada tocando la bocina en plena luz roja, o zurrándose en el carro que quiere pasar y bloquearlo, solo por joder seamos sinceros, el hecho que estemos un carro más adelante no significa que llegaremos a tiempo.
4. No andemos apurados
Todo es un círculo vicioso: calcula tu tiempo y anda calmado, y se que a veces el inevitable, y lo sé porque soy de esas personas que andan apuradas, pero no cuesta nada empezar a intentar no hacerlo, quizás poco a poco se vaya haciendo una costumbre.
Y final y último consejo:
Dejemos de aceptar la vida como viene/nuestra suerte, y empecemos a hacernos cuestionamientos que importan, o mejor dicho: a dejar de lado la flojera de hacer algo más de lo que siempre hacemos.
