Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Caminar hablando

Y entonces, todo era un conjunto de emociones y sentimientos alterados, entre, vergüenza, incomodidad y toda la adrenalina del momento, quizás.

Culpa.

Si, puedo tomarme la libertad de agrupar todo y sintetizarlo en: culpa.

Oh, wow.

Cuánta culpa y arrepentimiento puede tener cierta chica que decidió aceptar un beso de cierto chico, que solo buscaba compañía, pasará bien, fin.

CUÁNTA culpa es necesaria para sanar y ocultar ese grave error que jamás debe ser cometido.

Peor aún, si, aún después del beso, la situación empieza a calentarse y surge la idea de mover la presunta fiesta a un espacio más «íntimo»

Entonces esta chica camina a su costado.

Ella solo camina.

Va hablando de muchas cosas.

Y camina, siendo perfectamente consciente que «cosas llevan a cosas».

Y solo somos el triste resultado de nuestros actos.

Pero eso ya lo sabíamos.

Ella habla en todo momento y la conversación se tiñe de falsos rosados de los que solo es capaz de llegar el mundanismo, característico entre extraños.

Suben a la habitación, compartida, del hostel.

De pronto, se calla.

Lo sigue, lo observa, y observa también el lugar.

Una chica sale de la habitación apurada.

Saluda apenas sin mirar y se va.

Un chico sale después, con el torso descubierto.

«Vete de ahí, no seas tonta»

Esa vocecita, esa otro yo, que sabe mejor, que es el resultado de experiencias, afirmaciones y miedos.

Entran.

Se sienta y se saca la casaca, aún teniendo otra puesta, y un par de polos.

La bufanda la dejó en la mesa del comedor al entrar.

Mierda, espero que no se la olvide.

Él se sienta a su lado.

Conversan, ríen, ella es muy sarcástica con respecto, a bueno, casi todo lo que pase a su alrededor cuando anda medio (bastante) nerviosa.

Se besan.

Intenta.

Hay muchas capas.

Trabas.

Impedimentos existenciales que juegan con su intuición y el eterno cuestionamiento de sus acciones, claro, cuando el alcohol no llega a afectar esa parte de su ser.

⁃ Algo sonó – le dice

⁃ Es el viento – le responde

Se quedan en silencio.

El dueño del cuarto entra bruscamente.

Lo que sucede después es una compilación apurada de sucesos vergonzosos, uno más que otro, que solo la empujan al hoyo de la no comprensión de los supuestos valores que tiene el ser humano, la falta de respeto y la tremenda brecha, que quiere pasar desapercibida, entre las posiciones sociales que tienen el hombre y la mujer.

El chico no acompaña a la chica.

El dueño de la habitación se ofrece primero, lo detienen, llega otro, también se ofrece, no parece haber alguna objeción y van.

Ella camina callada y apurada mientras él intenta abrazarla y toquetearla.

Ella lo ignora y acelera el paso.

Llega, se despide.

⁃ Vení, despedite con un besito al menos

Y es ahí donde ella suelta todo lo que había llevado comiéndose desde que estos sujetos, jugaron a ver quién acompañaba a la chica a su destino final, o más bien, quién se ganaba un beso fácil, más, con poco algo de suerte y persistencia, una cogida de culo.

Grita.

Llora un poco de la rabia.

Él la mira confundido, ríe un poco y se va.

Ella respira, se calma y entra a su cuarto.

Triunfante aún entre tanto fracaso, entre tanta incomodidad, entre tanto sujeto despreocupado y desinteresado en el tema.

Pero, ¿era obvio no?

Era cosa de ver las señales e anticiparse a la situación.

Si, semanas después, lo puedo ver en retrospectiva.

¿Que obtengo a cambio?

A grandes rasgos, nada.

Una mala experiencia, una historia, una oportunidad de criticar al patriarcado, al machismo, a la corrupción de género donde los intentos de igualdad se reducen a meras máscaras que la sociedad utiliza para crear una mejor imagen de si misma.