13:46. Mendoza. Argentina.
Entonces estaba este sujeto, sentado en el borde de una banca, encorvado, concentradísimo en su trabajo.
Tenía una bicicleta al frente suyo, como cuerpo de su negocio, lo curioso de esta, era que se encontraba puesta al revés y tenía unos cuantos carteles pegados en ella. Una manta, con una mochila por debajo, habían formado una pequeña mesita. Ingenioso el muchacho. En ella habían diversos diseños de corchos tallados.
Un gorro con algo de dinero en el piso.
Espero que no haya tenido que lidiar con esas personas que suelen agarrar ese dinero y echarse a correr.
No pasa siempre, es más, me parece que solo se de eso por esas típicas películas americanas donde una cosa lleva a la otra y finalmente lo que pudo ser un cruel robo termina haciendo que el personaje conozca a la chica ideal, se enamore, y bueno el resto ya lo sabemos. No, no estoy citando a ninguna película en específico, pero no está muy lejos de parecerse a alguna.
Me acerco y comienzo a leer los carteles. Anarquista. Pacífico. No me sorprendía. En eso leo:
«(…) no me deporten(…)»
¿Porque deportarían a este noble ser que se paga la vida haciendo arte reciclado?
Entonces empezamos a charlar. No llegué a entender mucho la historia, usaba palabras extrañas que vacilaban entre argentino y chileno. Era chileno.
- ¿Como te llamas linda?
- Antonia
- Ah mirá vos, yo soy Jade Antonio
- Ah que lindo, somos como mellizos de nombre
No, en ese momento no se me vino a la mente la palabra tocayo, y tampoco es que se haya perdido de mucho pues ese tipo de denominaciones varían mucho entre países.
Reímos y seguimos charlando.
De rato en rato yo miraba a mi alrededor a ver si mi mama ya había salido de comprarse un chip y encontrarla antes de que empezase a gritar mi nombre para buscarme, algo que suele hacer a los 5 o 10 segundos de no encontrarme.
Entonces, le pregunté finalmente por la bicicleta, que, para ser sincera, fue lo primero que me jaló la vista y no su peculiar trabajo.
Resultó ser su medio de transporte por ya casi 10 años.
El viaje más largo que había hecho fue llegar hasta Ushuaia, el fin del mundo, el paraíso boreal de los latinoamericanos.
Su próximo destino se hallaba en Ecuador, donde iba a voluntariar en una comunidad de la selva, enseñando lenguaje e historia a niños, donde la educación primaria o básica, no estaba a su alcance.
Pausa. Empecé a verlo más guapo y encantador.
No, claramente no llegaría allí únicamente en su, ya oxidada, bicicleta, pero seguía siendo un plan que no pensaba descartar.
Y Jade continuó hablando de sus planes, de su andar, de los buenos y malos momentos por los que había tenido que pasar. Hazañas de un ciclista nómade que se cruzó con una chica curiosa que le gustaba usar su seudónimo para presentarse ante extraños, y que se encontraba de viaje familiar con la plata de su mamá.
Las cosas como son.
Le pregunté por el rollo este de los ciclistas nómades,
¿Qué necesito, tiempo, presupuesto?
Entre otras cosas importantes que debes tomar en cuenta si es que un día te despiertas y decides cambiar de vida. Dejas tu casa, trabajo, familia, amigos, y todo tipo de comodidad innecesaria que no tiene espacio en esa nueva mochila que usaras de allí para adelante.
Resulta entonces qué hay este grupo en Facebook «Ciclo Turismo Autosuficiente«, donde la gente pregunta desde repuestos de partes de la bicicleta y precios, hasta destinos tentativos donde se necesite cualquier tipo de ayuda.
Y lo consideré. Bastante.
Pero claro, hay una brecha grande y engañosa entre considerar y decidir.
En caso yo decidiera lanzarme a esa aventura en bicicleta, por un tiempo que puede variar entre 1 mes a 1 año…
¿Quién se sumaría al plan? ¿Sabría arreglar una bicicleta? ¿Correría mucho riesgo una mujer sola, andando en bicicleta, en medio de carreteras sudamericanas?
Si, el género sigue y seguirá importando por un buen tiempo. Y sí, si correría gran riesgo.
¿Y porque estoy pensando que la experiencia la tendré por mi cuenta y no con otro ser o seres humanos?
Más que nada por lo que me estaba contando Jade, y porque, según él, es más común encontrar a viajeros solitarios que de conjunto. Quizás como una especie de decisión expiatoria, o quizás porque lidiar con seres humanos, inevitablemente diferentes entre sí en este tipo de situaciones, puede llegar a ser más complicado de lo que parece.
Sigue sin ser un plan para descartar de inmediato.
Sin embargo, siguen habiendo muchas preguntas ligadas al asunto
¿Tendré tiempo? ¿Tendré ganas? ¿Agallas, valentía, coraje?
Anotó el nombre del grupo en «Notas» de mi teléfono.
Me hacen señas a lo lejos y antes de que la señora, mi madre, empiece a gritar mi nombre, me despido de Jade con apuro y camino hacia el grupo.
Nota: No pude sacarle una foto, pero saqué una de la estación de buses, al fondo, saliendo, estaba Jade.
