Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Y hay encuentros que se dan.

Y se dan, muy de pronto.

Muy banales.

Hola y hola.

Como has estado.

Donde has estado que no nos hemos visto.

Y es que en algún punto, y bajo algunas circunstancias/motivos/causas/ y todos los sinónimos o seudosinonimos que puedan venir después, dejamos de vernos, de charlar.

De compartir historias.

Chismesillos en mi cama y con gomitas.

De Coca-Cola, muy feas por cierto, pero adictivas.

Capturas de pantalla que nos mandábamos, y mucha habladuría 

Y fuimos cómplices por cierto tiempo.

Y dejamos de serlo.

Y no hubo nada más que distancia 

Y de pronto estamos, nuevamente, conversando, riendo.

Pero muy, muy, superficialmente 

Como dos extrañas que un tiempo se conocieron.

Pero, recalco, muy superficialmente.

Como suele pasar.

¿Quienes se quedan en tu vida?

¿Quienes llegan para algo, y luego deben partir?

El hecho es que nunca llegamos a conversar al respecto.

Solo se dio.

Como se dan muchas cosas, siempre.

¿Realmente estuviste cuando debías estar? 

Y era extraño tenerte acá.

Porque yo andaba de lo más normal.

Pero tú tenías los ojos chinos.

Y cierta timidez, cierta desconfianza.

Ambas lo notamos, y era inevitable la distancia.

Espero que algún día, tengamos la cordura de hablar al respecto.

Y si es que lo hacemos, que sea sincero.

Sin reírnos.

Sin bromear.

Porque tal vez, todo esto fue un malentendido.

O tal vez, era solo lo que debía pasar.