Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Espiral enviñetada

Caí en la conclusión, si, después de unas semanas, que yo no le haría daño, sino que me haría daño a mí misma.

Y así, entre regresaras en automático, por la Javier Prado, entre las bocinas, la música, el cansancio,  las luces rojas y una que otra mal metida de carro, caí en esa conclusión que nunca pensé caer.

Me puse a mí primero.

Segundo y tercero.

Pensé en mi tranquilidad, mis sonrisas y risas que podría tener o no, con ese tipo, tan confuso, intenso, y entre otras cosas, un tanto perdido.

Pero,  ¿perdidos estamos todos no?

Intentando encontrar la ruta adecuada,

Intentando sobrellevar bien los muchos problemas y angustias que nos pesan día a día.

Claro, eso si lo quieres ver desde un punto poco consolador donde lo único que tiene peso es lo mal que la pasas, a veces.

Y es que resulta más fácil encontrar las palabras adecuadas para describir algún tipo de dolor, en ciertas personas, que encontrar la descripción perfecta en torno a algún tipo de logro, que va acompañado con una cantidad desmesurada de felicidad.

Tal vez, no se sienten las ganas de celebrar.

¿Cuál es mi punto?

Que no todo está mal, incluso a veces, te olvidas de lo «mal» que todo pudo estar o haber estado.

Y sonríes, mientras miras a lobito dormir a tu costado.

Sonríes mientras suena esa canción que cantabas a todo pulmón, con o sin él.

Sonríes mientras escuchas esa otra canción cumbiera y dulzona que compuso ese buen ser que conociste, muy de casualidad.

Sonríes mientras recuerdas abrazos eternos.

Sonríes mientras comienzas un martes mucho mejor que un lunes, así los lunes sean sagrados para ti.

Vas cambiando la rutina, sin alejarte mucho de ti mismo.

Vas viendo la vida con otros colores, unos más saturados y menos contrastados.

Y así, vas viendo que quieres y que no quieres que sea parte de tu paso por el mundo.

Vas atrayendo, y deshechando.

En una espiral enviñetada que te puede traer muchas sorpresas.