Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

La muchacha del corazón hermético

Te voy a hacer daño – le dijo mientras se reía, nerviosa, y se apartaba de él.

Claro, unos días antes habían estado, relativamente, bien.

Solo no en la misma sintonía.

Y así, simple y complicado como todo en estos días, lo dejó ir.

A ese sujeto que quizó recurrir a la sinceridad, pero se enredo mucho en ella.

Entre mensajes de «un gusto conocerte» y varios «me muero por verte».

Entre la búsqueda de alguna señal de interés de parte de ella.

De una tomada de manos.

De un intento de beso.

Y es que todo había salido tan bien la primera vez que se vieron.

El abrazo.

Eterno.

Ese abrazo con ojos cerrados y una bonita canción de fondo.

Una que quizás él estaba tocando.

Si, finalmente, el abrazo era lo único que recordaría de aquel, muy corto, remedo de «salir con alguien».

Pero la muchacha ojos de papel, aún tenía los ojos cerrados.

Aún tenía miedo de abrirlos.

De abrir su corazón hermético.

La muchacha sabía muy poco que quería, pero sí sabía que no quería.

Y todo no tenía porqué ir tan rápido.

No resulta facil confiar, entregar, ceder.

Entonces, entre la desesperación de un sujeto, que, al parecer, se había estado enamorando, y la aparente frialdad de la muchacha ojos de papel, se separaron.

Se miraron fijamente.

Y sus ojos de papel le dieron lo poquito de amor que podía dar.

Él, sin entender y enojado, y ella, sumamente confundida y de pena.

¿Era tan fácil dejar a alguien ir?

¿Realmente su corazón era así de hermético, así como él lo había descrito?

  • Te voy a hacer daño – le repitió mientras él seguía sosteniendola

Silencio.

Silencio eterno mientras él evaluaba si quería o no que le hiciera daño.

Si podia soportar un poco de ese corazón roto que aún no podía arreglarse.

  • Tienes razón, mejor me voy – respondió enojado.

Y no hubo mayor despedida entre estos dos extraños.

Dos seres perdidos en distintas etapas de sus vidas.

Se dio la vuelta y no volvió a verlo.