Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

El  clavo

Entonces, me topé con un clavo.

El clavo no sacó a otro clavo.

A ninguno de los que podían estar por ahí, estancados.

El clavo era solo un clavo.

Imperfecto.

Pero consciente de sus imperfecciones.

Después de todo, no podía pedir mucho de un clavo.

El clavo estaba ahí.

Quizás el clavo, siempre estuvo ahí.

Tan cerca.

Observándome, mientras yo evitaba ver lo evidente.

Mientras me tapaba los ojos y me echaba a dormir.

A soñar.

A pretender que ciertas cosas podían pasar de distinta forma.

Entonces, el clavo seguía ahí.

Siendo un clavo común y corriente.

Sin algo por qué admirar, o incomodar.

Existía sin esforzarse por hacerlo.

Y quizás eso llamó tanto mi atención.

Su falta de notoriedad.

Su rareza dentro de lo común.

Decidí quedarme con el clavo por el tiempo que fuera necesario.

Lo guardaría como mi objeto valioso.

Aunque de valioso no tenía nada.

Pero de esa forma estaba contenta.

Una satisfacción momentánea que pronto iba a expirar.

Pero porqué pensar en el final cuando recién me encuentro en el inicio.

Deja que siga su curso.

Y que dure lo que tenga que durar.