Lulú se escapó, y nunca más volvió.
Lulú era, además de ser una perra, la representación más pequeña de su amor.
La más significativa también.
Lulú era el afecto tangibilizado que se tenían.
Sus idas y venidas, y días enteros en la cama.
Si, lulú se escapo un día.
Él dejó la puerta abierta y ella salió corriendo.
Una reacción aceptable de una perra que se sentía atrapada.
Y él la dejó ir.
Y con ella, no solo se fue Lulú, sino también el amor.
Uno débil y confuso.
Uno parcialmente correcto.
Ese tipo de amor que busca cambiar a las personas.
Que encuentra poco, que pierde mucho.
Ella quiso entonces cambiar por él.
No hubo objeción, no hubo lucha.
Y aún así, él dejó ir a Lulú.
Y Lulú nunca más volvió.
Probablemente encontró un mejor hogar,
Uno en el que no se sintiera atrapada.
Lulú buscó su libertad y la encontró.
