A veces dejas de existir.
Luego vuelves.
Me abrazas.
Me cubres los ojos.
Me das un beso en la mejilla.
En la frente.
En los labios.
En el cuello.
Y te vas otra vez.
A veces te dibujo en papel
Para borrarte rápidamente, hacer una grulla y dejarte ir.
Debo admitir, finalmente, que muchas de mis grullas tienen mensajes.
Despedidas cobardes que nunca te di.
A veces regresas como si nada,
Te sientas en el borde de mi cama.
Y extiendes tus brazos para abrazarme fuertemente,
Mientras te despides en tu mente.
Mientras asesinas mi razón.
A veces comprendo, que muchas veces fuiste solo un capricho.
Uno que llegó para irse.
Que quiso para lastimar.
Que falló para no intentar.
Vuelves a dejar de existir,
Vuelvo a traerte de vuelta,
Para seguir pretendiendo que te quería,
Seguir tapando mentiras.
Eternas cuestiones que nunca nos dijimos ni nos diremos.
Y así, voy cerrando de verdad.
Porque no bastaba pasar de página,
Había que cambiar de libro.
