Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Karma pagado 

21:18.Renfe. Algún lugar entre Sevilla y Córdoba.
Regreso del baño y se sentó al frente de ella.

Están molestas. 

Ella la culpa por haber perdido su cárdigan. 

Aquella que le acababa de comprar, aquella que apenas le duró un día. 

La culpa porque quiere evitar culparse, aunque sabe que siempre termina haciéndolo.
En la estación de Sevilla preguntó por su cárdigan, pero su acompañante no quería revisar las maletas.

Si no está, sabes que ya no hay nada que hacer – dijo desinteresada.

El tren salía en 15 minutos. Algo le decía que no iba a encontrar ese cárdigan que la hacía sentir tan cómoda. Que escondía sus ataques de ansiedad, los gustitos de madrugada, la bajona, su gordura. 

De vuelta en el tren, en el silencio incómodo, en la frustración guardada en una lagrima, le coje la mano.

Ella no se inmuta.

No hace nada al respecto.

La molestia durara lo que dure pasar de una parada a otra.

La culpa era suya.

Y de aquella persona que se llevó su cárdigan.

Y lo usará de lo más tranquila.

Sin cargo de conciencia, pero cargando su propio karma.

Ella ya lo ha pagado.

Porque una vez estuvo del otro lado, fue la misma persona y no le importó de lo más mínimo.

Todo se paga.

Y lo que fácil llega, fácil se va.