13:26. Calle Zamora. Salamanca.
Se despidió con un «espero verte algún día».
Y la vio irse.
Alejarse sonriendo.
De la misma forma que lo hizo la primera vez que la conoció.
De la misma forma que lo hacía mientras ella hablaba muy de prisa .
Un español apurado que intentaba entablar una conversación fluida con un inglés recién adaptándose.
En un botellón, en la calle, en esta vida momentánea que cada una había llevado por casi 5 meses a su manera.
Camino a casa, pensó en la evidente e inevitable incertidumbre que existe por momentos.
Como volver a ver a una persona.
Como regresar a un lugar que significó tanto para ti.
Las despedidas andaban muy cerca.
Los meses se comprimieron en abrazos que duraban menos de un minuto.
Lo bueno termina muy rápido.
Ella regresa a casa consumida en esos abrazos que aún no llegan.
Todo parece seguir igual.
Pero el reloj de arena se va vaciando de un lugar y llenándose por el otro.
