Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Aceptar ciertas verdades

Era cuestión de tiempo.

Siempre lo es.

Y vivimos de anécdotas.

De aquellas salidas que no queríamos tener.

Lugares a los que no queríamos volver.

Y volvimos.

Y salimos.

Y reímos mucho.

Nos volvimos relevantes en nuestro entorno.

Mientras hablamos en madrugadas intensas.

De confesiones confusas.

Sentados en la cama.

Tu escuchándome.

Yo oyendo.

Ambos abiertos a las posibilidades de esconder una que otra mentira.

Una blanca.

Como el arma que portaba el sujeto a las afueras de Paniagua.

Una más oscura.

Como la noche que cayó sobre nuestras narices mientras cenábamos.

Tapas y una cubeta.

Las patatas bravas quedaron en el antojo.

En la imposibilidad del asunto.

Pero despiertas aturdida.

Despiertas y tal vez no quieres seguir despertando.

Porque se te va el tiempo.

Las ganas.

Empiezas a olvidar.

No.

Empiezas a asimilar que ya has olvidado.

Que era inevitable.

Porque nadie puede burlarse de la distancia.

Tampoco del tiempo.

Sucede lo contrario.

Son ellos quienes se burlan de nosotros.

Entonces vive.

No del ayer.

Menos del mañana.

Vive lo de ahora.

Y si tiene que pasar, pasará.

Porque sabes que iba a pasar.

No fuerces nada.

Todo ya ha estado escrito.

Solo no querías aceptarlo.