Parecían las mismas personas de hace 10 años.
Expuestos.
De ellos mismos y su eterno problema.
Una incompatibilidad formada por vicios.
Por traiciones ajenas.
Mantuvieron esa distancia de siempre.
En caso alguno de los dos saltara.
Propensos a huir de aquello que siempre estuvo ahí.
El rencor.
La molestia constante ante las circunstancias dadas que impiden dar paso al olvido.
Había una niña de 4 años en medio.
6 años menos que la otra
Que la primera y ultima en la lista.
Creyeron que la niña no comprendía nada.
Que con el tiempo, podrían quitarle las imágenes de su memoria.
La otra niña nunca olvido.
Siempre se le adormece la nariz al encontrar el recuerdo.
Siente el cosquilleo por sus párpados.
Sus ojos brillan.
Su sonrisa se vuelve frágil e incompleta.
Él tomó a la niña de la mano.
Se fue molesto.
Se fue como siempre lo hizo.
Se fue y ella dejó que se vaya .
La niña que ya no era niña miraba por detrás.
Mediocre actuar de aquella que siempre observó.
Callada.
Temerosa.
Culpable sin delito alguno.
No, no eran los mismos.
Pasaron muchas cosas en 10 años.
Otras familias se formaron y se rompieron.
Andaban en la eterna búsqueda de algo que probablemente nunca llegue.
Algunas cosas no se olvidan.
No se superan.
No tienen arreglo.
No se entienden.
No tienen tiempo ni espacio.
¿Cuánto tiempo pasará para volver a su paz inventada?
¿Cuánto tiempo les queda?
Quizás cuando empiecen a contar su historia desde el inicio y no el final.
Desde lo dulce y no lo amargo.
Quizás cuando recuerden quienes eran.
Y empiecen a adecuarlo a quienes son ahora.