Un día estás participando de una protesta pacífica que reclama la paz en Siria, en el mundo.Hay pancartas que gritan BASTA
Hombres y mujeres los sostienen
Una niña lleva la bandera de su país.
La mira y sonríe.
Yo sonrío con ella.
Todos queremos paz en el mundo.
Bajar las armas, abrir los brazos.
Un reclamo justo de la humanidad hacia la humanidad.
Las personas cantan.
Alzan la voz frente a la Iglesia de Westerkerk.
Te sientes bien estando ahí.
Luchando por una protesta ajeno, que termina siendo tan tuya como de todos.
Al siguiente día, camino a Bruselas, detienen el bus por alerta de atentados en el aeropuerto y la estación central del metro.
32 muertos
Alrededor de 200 heridos
Frontera cerrada.
Lo cierto es que no hay paz en este mundo.
El hombre se siente atraído al conflicto.
A la anarquía ante una imposición no fácilmente aceptada.
Vas de vuelta a Ámsterdam, donde también han cerrado estaciones y puesto en alerta.
Hay gente que vive con miedo.
Hay gente que ya no vive.
