Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

La luz verde en mi ventana

Era una molestia al inicio.

Como tú.

Como tu risa.

A veces,

Como tu respiración.

Creo que fue ese día cuando supe que realmente ya no nos podíamos llevar bien.

Estábamos viendo un documental.

No recuerdo el nombre.

Quizás porque no dejaste de hablar de Peter Joseph.

Y como la ecónomía debe orientarse a la utilización de los recursos del planeta.

Una propuesta tentadora que rozaba los lindes de la viabilidad y sostenibilidad.

Yo solo asentía.

Interesada por momentos, claro.

Simulando escucharte.

Simulando muchas cosas.

El hecho es que el documental hubiera sido mucho más interesante sin ti.

Sin tu voz,

Y el sonido que hacen tus labios después de una larga pausa.

Tus expresiones.

Y la forma en la que te pavoneas al respecto.

Mientras adornas tus palabras.

Simulando ser alguien más.

Pero estabas ahí.

Y yo tenia que seguir pretendiendo.

Entonces era mejor que hablaras.

Todo lo que sea necesario para no escuchar tu respiración.

Tan cerca de mi oído.

Entrecortada.

Irritable.

La ventana estaba abierta.

La luz verde iluminaba la manta sobre la cama.

Una molestia de media noche.

Molestia que se va de día.

Cuando no estoy en casa.

Que llega de noche.

Cuando busco meterme a la cama.

Calentar los pies.

Buscar la paz en esa hora y media que tengo sin ti.

Sin tus anécdotas del día a día.

Como si me importara.

La luz verde proviene de la farmacia del piso de abajo.

Abierta las 24 horas.

Para jodernos la existencia.

Más a mí que a ti.