Una flor voy a regalarte
esta noche de luna llena
para confesarte
lo mucho que me gustas
lo mucho que hay en una flor
Quizás ella buscaba eso.
Quizás lo buscaba sin querer realmente encontrarlo.
Esa chispa del coqueteo.
De nuevos gustos que nacen en atardeceres de verano.
De conversaciones interminables en madrugadas calurosas.
Quizás necesitaba sonrojarse ante un roce de piel.
Unas palabras dulces de un «hasta mañana» constante.
Él le dio eso.
La alegría de salir a pasear.
Las cosquillas en el estómago cuando lo veía llegar.
A tiempo.
Con una flor en mano.
Ella necesitaba querer arreglarse.
Querer ponerse guapa, y que alguien lo note.
De todas formas las cosas con su novio se habían enfriado bastante.
No había tiempo, aparentemente.
No coincidían.
Los detalles eran tácitos, precarios.
Muchas veces hasta ya no sabía que decirle realmente.
Se hundían en conversaciones banales que a veces se cortaban con un «ja ja».
No querían afrontar que 3 años de relación no suponían un peso significativo para no terminar.
Era la costumbre.
La cotidianidad de no tener que enfrentarse al cambio.
A la soledad.
Pero se tomaron un tiempo.
Uno de esos que no es bien aprovechado.
Que no implica un final.
Es solo una pausa disfrazada,
Un respiro asfixiado.
Y es que ella encontró en él la química que estaba perdida con el otro.
Lo supieron desde el primer día que los presentaron.
Entre cervezas y buena música.
Ese remedo de hilo rojo que no se va ni se esconde.
Mal momento para encontrarse.
Mal momento para enamorarse estando comprometida.
Debía tomar una decisión claro,
No puedes andar por ahí queriendo a dos personas a la vez.
No puedes dormir con alguien pero soñar con alguien más.
No era justo.
Y resultó que alguien llegó a su casa con una sonrisa mal dibujada, y un cartel que decía:
«¿Te parece si salimos de la pausa?»
Y alguien más llego con una flor y una canción.
Uno se paro cerca a la puerta, como lo había echo hace tres años.
Y el otro llego de manera tímida y enamorada.
Con esa mirada que no se despega ni quiere hacerlo.
A uno lo abrazó fuertemente.
Al otro le dio un beso largo e intenso.
Quédate vamos a ver juntos el amanecer
los dos desnudos en la arena
Una flor voy a regalarte para perfumar
esta noche llena de estrellas, quédate
quédate hasta el amanecer
Finalmente ella eligió.
Abrió la puerta y ahí estaba.
Al que siempre va a querer ver llegar ahí.
A ella.
