Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Extracto de un sueño

Hay un libro.
Tiene una pila de historias sin revisar.
La primera tiene garabatos con lápiz.

Las demás son rezagos inconclusos del acto.

Hay una casa.
El camino para llegar es largo.

Confuso.

Tiene subidas y bajadas
Y tranqueras.

Y puertas de madera amplias.

Es un espacio donde tratan a niños que no están completos.
Aquellos que no pasan por el ciclo.

Para algunos el ciclo es fácil de completar
Para otros ya es muy tarde para completarlo.

Hacen la medición del ciclo con tablas grandes de madera.
Con pedazos grandes y rectangulares de piedra lunar.
Los niños descubren por sí mismos si pueden completarlo o no.

Es triste.

Unos al saber que no pueden, se entregan a la resignación que amerita el caso.

Otros siguen intentando.

Siguen creyendo que pueden.

Pero todo ya está preestablecido. Todo tiene un fin y un medio.

Y ellos no pueden cambiar las cosas.

El espacio que convierte en un estudio de baile.
De niños y adultos.
La gente sale y entra.

Algunos se quedan.

Hay una especie de venta de en la sala.
Todos ya han elegido.
Todos menos ella.
Nadie comparte, nadie quiere mostrar su elección.

Porque puede ser errónea.

Porque a nadie le gusta ser juzgado.

Y las que viven en la casa no tienen mucho que decir al respecto.

Hay un sujeto.
La mira de una forma intensa pero agradable.
Se presentan, se conocen.
Él le comienza a enseñar los pasos por los que se debe pasar en el estudio de baile.
Tienen un amigo en común : un primo lejano que actúa esporádicamente y sin planificar.

Conversan de él, de ellos.

Se comienzan a conocer mientras se desconocen en el intento.

Hay una función.
Sus amigas del colegio le han guardado sitio.
Ella entra con él.
Una de ellas la jala inmediatamente para que empiece a guardar sitio a las demás.

Nunca más lo vuelve a ver.

Pronto olvidará su rostro.

Y los relatos de ese desconocido quedarán ahí.

En ese sueño de subidas y bajadas.

Aquel que no tiene una segunda parte.

Despierta.