Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Posibilidad de no existir

Que pasaría si desapareciera

El cuestionamiento surgió a medianoche.
Entre ronquidos y olores, un tanto desagradables.
Quizás había estado pensando en eso todo el día.

Más y menos que otros días.
Había estado ahí, en su pequeña cabeza llena de ideas banales
Idioteces sobrepensadas que a veces la desconectan de su realidad
Entonces se cuestionó realmente cómo sería la vida sin ella.
Y no tirando al perfil de una persona suicida depresiva, eso nunca.
Sino más a la casi nula probabilidad de nunca haber existido.
Porque desaparecer es una cosa, nunca haber nacido es otra.

Un tiempo también se le dio por pensarlo.
No tan profundo, no con tanto énfasis en detalles que podrían haber pasado desapercibidos.

Pensó en la vida sin ella pero sin la experiencia de tenerla.
Sin ningún tipo de experiencia, sea buena o mala.
Y asi, tan superficial, llegó a la conclusión que no pasaría nada
Nadie la hubiera conocido.
«Perderla» no sería terrible pues nunca «estuvo ahí»
Fin de la reflexión mediocre de medio año.

Esta vez era distinto.
Esta vez realmente estaba imaginando su vida, sus seres queridos y no tan queridos, sin ella.
Que amanezca y no esté ahí.
Asi de simple y sin mayor complicacion de por medio.
No habria nadie preocupado al comienzo, logicamente.
Habrian personas enojadas e indignadas al comienzo.

Quizas la comenzarian a llamar, de muchas formas y tonalidades.
En los rincones del colegio, en cualquier rincón.
Eventualmente continuarían con las actividades previstas sin ella.
Sin hasta antes salir.
Donde quizás una o dos personas mostrarían una real preocupación.
Dejando el término «real» a futuras aclaraciones pues todo siempre influye, todo es subjetivo y conceptual.
Y así, sin mayor aclaración, desaparecería.
Y algunas personas estarían tristes, y otras no.
Y al final del día, pasados días, años o para siempres, la gente la dejaría ir.
A ella y sus manías.
Sus gustos y caprichos.
La dejarían ir porque era lo más sano, porque no había otra opcion.

Y descubrimos lo insignificantes que somos, de cierta forma.
Descubrimos que aunque no seamos reemplazables, somos quizas, superables.
Dejados al olvido irremediable de la vida misma.
Porque esta pasa, y las personas siguen adelante.