Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Lo que se nos da

Y en época de fiestas, celebraciones y reencuentros, se nos da por recordar viejos tiempos, años pasados, gente linda que conocimos y aquella que dejamos de conocer.

Se nos da por pensar dónde estábamos ese día hace 1, 3 o 7 años, si es que tenemos la capacidad y voluntad de recordar.
Se nos da por ponemos melancólicos, queriendo regresar a eso que nos hacía tan felices.
Entonces nos olvidamos, por un momento, aquello que ahora nos hace felices, las personas con las que pasamos días, tardes y noches, y los recuerdos que guardamos en esta memoria tan frágil y confusa que nos caracteriza.
Recordé entonces las navidades en Arequipa, las cenas en la casa de tu papá, el alboroto al momento de abrir los regalos, pues era tarde y teníamos que ir a la otra casa, a la cual se juntaban más primos, nietos, hermanos.
Aquella casa donde siempre había un panetoncillo para los bisnietos, chocolates de La Ibérica, villancicos y ceremonias para hacer nacer al niño.
Niño que era recogido el miembro menor de la familia y se lo entregaba al miembro mayor de la familia para que lo bese en esa pequeña frente de cera, mientras este dormía tranquilo en su pesebre de paja y lo regrese con sus padres, una virgen y un carpintero.
Y no soy de ser muy creyente. Dejé el tema de la religión hace un buen tiempo. Pero siempre está la nostalgia de esos tiempos, de aquellas tradiciones, de estar en familia. Aquella que no olvidamos ni olvidaremos.
Porque nos hacía felices, porque son parte de nuestra historia, porque nos hacen lo que somos y no lo que podríamos ser.
Se nos da por olvidar que nunca dejamos de pasar Navidad en familia. Las personas que nos rodearon en su momento ya eran parte de la familia. Viejos amigos, nuevos amigos. Sean 2, 13 o 20 en casa, ya se consideraban familia.
Hace algún tiempo dejé de escribir en esa fecha, dejó de interesarme este asunto inconcluso.
Pero, se nos da por mandar finalmente el correo, la carta, el mensaje en la botella.
Y llega tarde, como muchas de las cosas últimamente, pero llega.
Y te recuerda que probablemente, esos viejos tiempos y reencuentros no volverán jamás, por que hay gente que se va y gente que viene. Por que nada nunca permanece igual, y no está mal, ni bien.
Se nos da por ir en esas, en ese constante cambio que nos confunde y enreda.
Pero seguimos adelante, sonriendo y teniendo buenos inicios.