Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Llévame lejos en esta noche nublada.

Lejos del zumbido de las luces de las calles, de las fiestas, de este pueblo.

Era lo único que pensaba mientras bailábamos.

Descordinados.

Despreocupados.

Hay algo que quiero que veas

¿Confías en mí?

Me dijo mientras salíamos de la fiesta tomados de la mano.

No lo conocía, no necesitaba hacerlo.

Manejó de madrugada.

Hacía un bosque.

Saliendo del pueblo, entrando a otro.

Es mi cumpleaños

Le dije mientras pasaba entre mis dedos la única tarjeta de cumpleaños que había recibido.

 

Sopla todas las velas

Eres muy grande para ser tan tímida

Me dijo al oído para que me quede.

Es solo un joven corazón confundiendo mi mente, en silencio, en desesperación.

Con los ojos abiertos, estamos en silencio.

Con los ojos abiertos sentimos que estamos en la escena del crimen.

Ya llegamos.

Cierra los ojos.

Obedezco y dejo que me guíe al lugar.

Parece que tengo huesos frágiles.

Me muerdo la lengua.

Me hundo en la nieve hasta las rodillas.

Dejo quemar mis sueños y preocupaciones.

Temores escondidos en aquella inseguridad de madrugada.

Me dejo llevar.

Dejo que el frío entre por mis talones hasta mi rostro.

Tengo una pequeña voz y no puedo hablar.

Abre los ojos.

Una vista de un lago congelado ilumina mi rostro.

Es hermoso.

Aquel desconocido me ha echo sonreír en mi cumpleaños.

Me ha echo olvidar tiempos pasados.

Aquellas cosas que no podían revertirse.

Aquellos tiempos malditos que nos atrapaban entre ramas de pensamientos y suposiciones.

Aprendemos de lo que más tememos.

De lo que más odiamos.

 

Y bajo ese cielo estrellado.

Nos besamos en silencio.

Revirtiendo lo irrevertible.

Gracias por la pequeña inspiración Elena Tonra, Igor Haefeli y Remi Aguilella