Hoy sonrió otra vez.
De la nada.
De recuerdos filtrados.
De banalidades cotidianas que los envuelven en historias.
De conversaciones esporádicas y extrañas mientras ella maneja a casa, mientras él la mira enamorado.
Ella dijo un día, hace muchos días, que escribiría de él. Que valía la pena, el gusto, el momento, las palabras.
Había sido incapaz de hacerlo por complicaciones innesarias y usuales de siempre, de nunca.
Internas, externas. El tiempo seguía pasando. Y estas personas tan distintas seguían buscåndose y encontrándose en cada una de sus particularidades.
Y es que son distintos pero similares. Polos opuestos pero cercanos. Un mar de posibilidades futuras se acurrucan en su cabeza, en lo que siente, en lo que quiere.
Posibilidades que aún no nacen, que aún no se incuban en su historia. Pero sigue siendo un aún, una posibilidad.
Lo mira mientras sueña, mientras ronca, mientras se acomoda una y otra vez en la alfombra, en el piso helado, mientras habla dormido.
Le da un beso en la frente y le acaricia la cabeza. Lo mira nuevamente.
Es extraña la forma en la que decidió confiar. Con motivos, quizás no tan claros, lo hizo. Y es extraña la forma en la que volvió a querer, a mirar, a demostrar cierto tipo de amor. Sin duda, la situación no puede dejar de ser extraña.
Obviar ese criterio de calificación no está en sus planes. En ninguno de los muchos que tiene.
Se acerca a su oido y dice
Gracias
Y no la escucha
Y no la ve
Pero manda un beso al aire
Y ella sabe que lo comprende
Que finalmente aquel sujeto de linda sonrisa comprende muchas cosas.
Que nunca dejará de comprender, de comprenderla, de comprender su historia.
Donde a veces solo se sonríen, solo se miran, solo se acercan.
Se recuesta junto a él, en la alfombra, en el piso frio de la habitación.
Y ahora ella comprende muchas cosas.
Comprende aquella extraña forma en la que llegaron a ese momento. Comprende como algunas cosas toman tiempo en ser comprendidas.