Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

A una persona ajena II

Continuación

  • Dale, pero conste que tengo tu permiso
  • Gracias

Me sonríe. Poco animosa o interesada. Pero sigue siendo una sonrisa.

Yo sólo viví esperando que la historia no se repitiera. Mi mamá sufrió mucho en todo el proceso. Vivía luchando por mis hermanos, por mí. La veía sonreír. A veces. Muy pocas veces en realidad. Veía esos ojos tristes sobre mí. Sobre ellos. Sobre su vida. No era feliz.

Claro que no lo era. Estaba sola. Estaba cansada de estarlo, cansada de no tener con quién compartir sus problemas. Yo era muy pequeña para entender, y luego, cuando crecí, tenía mi propia vida para querer entender.

Mi papá. Ese señor que nunca quise o llegué a conocer, la dejó cuando yo recién nacía. No había dinero, nunca lo hubo. ¿Dónde podría encontrar el apoyo que necesitaba?¿Un refugio?¿Un abrazo? Nada.

Su familia le dio la espalda cuando ese señor se fue, cuando yo empezaba mi vida, cuando estábamos las dos en un cuarto de 4×4. Con frío. Con pena. No fui la primera. Claro que no. Mi mamá ya tenía dos hijos.

Entonces, tres hijos que cuidar, que alimentar, que educar. Recuerdo cómo vivíamos ajustando en todo. Recuerdo cómo creía que era normal, que la vida era así de dura para todos. Recuerdo cómo ahorrábamos hasta en los tés de la mañana, los cuales endulzábamos con caramelo.

Me quedé mirándola. Ambas estábamos llorando. Pero ella era la que hablaba. Ella era la que había pasado por todo eso. No me lo esperaba, no sabía cómo reaccionar, qué decirle. Me sentí frustrada e inútilmente idiota por creer que era capaz de ayudar a alguien.

  • No sientas pena. No es esto precisamente por lo que estoy acá.

Señala a la anciana que no la ve.

  • Ella es mi mamá. No me quiere ni ver.
  • No comprendo, perdón.

Hace unos momentos salí de la oficina. Sin nada más que mi bolso. Mi ropa. Mi niño en el vientre. Me acaban de despedir. El padre se ha ido. Estuve a punto de subirme a la baranda, cerrar los ojos y volar al abismo. ¿Qué egoísta no? Querer quitarme la vida sabiendo que una nueva se está creando dentro de mí.

Entonces la llamé. Esperando compresión, un abrazo, un “todo va a estar bien” aun sabiendo que probablemente en un inicio nada estará bien. Pero no. Ella llegó y escuchó mi historia. Vi esa mirada triste de nuevo, cargada de enojo y decepción. Recibí un “eres una idiota” y un “te vas de la casa”.

Esa mujer que tanto había sufrido cuando su familia le dio la espalda, ahora hacía lo mismo con su hija. ¿Dónde está la coherencia? ¿Dónde está el aprendizaje que debimos tener? ¿Acaso lo hice a propósito? ¿Quería probar algo al respecto?

En eso, dejé de sentir pena por aquella madre desamparada. Aún sin saber qué decirle exactamente, miré a la anciana, a la madre, a la mujer. Y me enojé enormemente con ella. Con la incomprensión que nos rodeaba a las tres. ¿A quién podemos culpar en estas circunstancias? ¿Vamos a darle la espalda a nuestra familia? ¿De qué somos capaces y de qué no?

Me abraza.

Así, simple pero significativo.

La abrazo de vuelta.

Extraño momento entre personas ajenas.

No sé cuánto dura. Ni mucho ni poco, pero reconfortante

  • ¿Estás bien?

No responde. Se seca las lágrimas.

  • ¿Crees que me perdone?
  • No hay mucho que perdonar, no lo planeaste. Pasó y un bebé está en camino. Tu hijo, su nieto.
  • ¿Lo entenderá?
  • Tiempo al tiempo.

La llaman. Se aleja por un momento. La expresión en su rostro cambia. Se ve más calmada, triste, pero calmada. Cuelga. Se acerca a mí rápidamente y me abraza de nuevo. Esta vez no es tan fuerte, es un adiós. Me agradece y se va.

Supongo que nunca sabré quién la llamó ni qué le dijo. A dónde iba o qué haría. Nunca sabré su nombre, sus hobbies, sus planes a futuro. No sabré nada de ella y quizás las posibilidades de volvernos a encontrar sean casi nulas. Pero la quise. Como a una hermana, una amiga, una persona ajena que solo necesitaba un abrazo, un “todo va a estar bien”.

Entonces pienso en todas las personas ajenas que andan por ahí buscando eso. Algunas se encontrarán, otras seguirán buscando. Pero el mundo no se acaba, se pasa la página, se elige un mejor camino.

Aún tengo que ir a la entrevista. No tengo cabeza para eso pero ya estoy acá. Tengo muchas cosas en la cabeza. Necesito café y quizás, algún abrazo de una persona ajena.