Me gusta tomar el bus
Simple y llanamente porque ya no lo tomo
Porque andamos apurados o con pereza
Lo queremos todo fácil y rápido, o no lo queremos
Nos acostumbramos a tenerlo todo al alcance, y cuando sucede lo contrario recién nos ponemos a pensar.
Gente con ojeras
Ojeras que cubren ojos chinos de sueño
Ojos cansados de la cotidianidad
De la misma ruta, el mismo tráfico, el mismo cobrador, el mismo paradero.
Empiezas a observar mientras el bus avanza, mientras tu cabeza, apoyada en la ventana, se golpea constantemente
Pero no cambias de posición
De pronto sientes que estas cansado
Que debes apreciar más y criticar menos
Sus actitudes
Su ropa
Su mirada perdida en el carro que nunca llega
Todo parece estar cerrado a esta hora
Pero no es tan temprano, no realmente
No para los que tienen que levantarse a las 4 o 5 de la mañana, para tomar su carro, su colectivo, su bus, su medio de llegar a donde deban y puedan llegar.
Y el tiempo sigue pasando, y sigo sin llegar
Y duermo
Y despierto en los baches
En los semáforos
En las conversaciones de algún niño con una señora, o de una pareja de enamorados, o de alguien por el teléfono
Siempre comunicándonos
Siempre despiertos
Me encuentro del otro lado, finalmente.
Viéndome cabeceando
Y personas paradas a mi costado
Y personas sentadas, también cabeceando
Finalmente, es imposible no cabecear
Indiscutible a estas horas de la mañana, a cualquier hora del día
Pues el tráfico siempre va a estar
Y las distancias siempre nos parecerán largas
Y algún niño nos sonreirá del asiento de adelante
Alguna señora hará algún comentario malhumorado del viaje
Llegamos
Caminamos
Y estás del otro lado nuevamente
Peatón
Intentando que los carros no te pisen
Que algunos conductores te respeten
Pero debes hacer lo posible por llegar a tiempo
Igual ya estás tarde, siempre tarde, siempre apurado
Con rastros de preocupación en tu frente, en tu mirada
Es algo que no puedes ni podrás ocultar
Es tu sello
Simbolizando el remedo de identificación que te queda.
Día a tarde
Tarde a noche
Noche a madrugada
Madrugada a un amanecer sin sol ni lluvia
Solo garúa
Que, así como su textura y apariencia, nos deja mucho que desear.
Y llegaste, no pasa nada, no está la jefa.
Pero piensas en los paraderos que viste, en las personas con las que cruzaste miradas, en el frío, en la compañía, en la costumbre con la que vivimos.
A veces sin darnos cuenta, a veces en una negación empedernida.
Cada paradero tiene su historia, con rostros, sonrisas
Abrazos y largas esperas.
Últimas y primeras veces.
Tal vez lo único que necesitábamos era tomar ese bus, esa ruta equivocada.
Y observar,
Observar eternamente
Historias que no conoceremos nunca.