‘¿Y cómo la está pasando mi cumpleañera favorita?’ – susurró una sarcástica voz en su oído, mientras le cubría los ojos con delgados y largos dedos, definitivamente reconocibles por Alizée.
‘Ya te dije que ni hoy, ni ayer, ni mañana será mi cumpleaños Rémy’ – respondió mientras sonreía ampliamente y volteaba para abrazarlo.
‘Y yo ya te dije que una de mis reglas favoritas, es aceptar el simple hecho que, un solo día para celebrar el cumpleaños de alguien es sinceramente ridículo, por lo que el evento se extiende 3 días antes y otros 3 después’ – le explicaba en tanto que buscaba un encendedor para su cigarro, dirigiéndose a la salida de la Universidad – ‘Sonríe, es viernes.’
Lo conoció hace un par de años, y conocía perfectamente la amplia gama de teorías que tenía sobre las cosas que hacen, creen y festejan las personas. En realidad, fue así como lo conoció y fue también así como congeniaron de una forma tan peculiar.
Su encuentro inesperado había sucedido en una de las primeras fiestas de primer año que hubo en la facultad. Sin previa presentación, la compatibilidad entre ellos dos se vio claramente en cuanto empezaban una insignificante conversación para romper el hielo.
Ambos se habían apartado a mitad de la fiesta, sin el mayor interés en ser parte de conversaciones insignificantes que no recordarían, ni mucho menos con ánimos de hacer «vida social», lograron tener la mejor vista desde el techo, y bueno, conocerse.
Alizée no había encontrado la más mínima comodidad desde su ingreso a ese extraño paraje de sexo, drogas y alcohol, simplemente sentía que aún no estaba lista para ese tipo de circunstancias. En primer lugar, ni siquiera tenía la verdadera intención de asistir, pero Léa, una amiga suya de la secundaria, la había seducido y convencido finalmente que no ganaba nada quedándose a llorar sus penas por su reciente separación amorosa.
‘El sujeto no vale la pena, ni tus lágrimas, ni mucho menos que te pierdas de un rico sábado que promete, entre muchas cosas, sexo casual’ – había dicho Léa mientras le enseñaba los vestidos de su hermana esperando alguna aprobación en cualquiera de las opciones que tenían – ‘Vamos Ali elige uno, se nos está haciendo tarde.’
En segundo lugar, se encontraba en una situación que combinaba el hecho de no conocer a nadie más que a Léa y que el 80% de las personas que estén allí se encuentren en estado de ebriedad bajo o alto, pero existente. El 20% restante estaban drogados, lo cual le quitaba más las ganas de querer conocer a alguien digno de recordar. Solo tenía que encontrar el momento preciso para dejarla con algún extraño que no representara ningún peligro, para así poder alejarse por un momento de toda esa bulla, de toda esa efervescencia de jóvenes con hormonas alborotadas e ilusas.
Y en tercer lugar, todavía no había tenido la oportunidad de romper en llanto desde que aquella mañana había terminado la relación más larga, conflictiva y podría decirse, dañina que llevaba hasta entonces. No había tenido la oportunidad de gritar, zapatear el piso, pegarle a la pared, o lo que sea que hacen las personas cuando sufren la más grande de sus decepciones, seguida de una leve o aguda depresión. No había podido hacerlo, y estaba a punto de explotar.
Pero las intenciones de Léa habían sido únicamente que se olvide de él por una noche, nada más. Un shot, dos, tres, y en el cuarto Alizée llego al límite de su resistencia al alcohol y decidió parar antes que se arrepienta de haber ido.
Un muchacho, cuyo rostro no ha podido olvidar, la sacó a bailar y ella aceptó. Se estaba divirtiendo, quizás, solo quizás, más de lo que hubiera esperado de alguien desconocido. Y es que siempre había tendido a poner barreras con las personas, a desconfiar, a quedarse con lo que conocía. Quizás era tiempo de un cambio, o solo el alcohol que corría por su sangre.
Entre miradas, sonrisas y uno que otro beso que se acercaba a su boca, se fueron alejando poco a poco, él tomó su rostro con ambas manos, y ella, sabiendo exactamente lo que pasaría a continuación, no se alejó. Se dejó llevar los primeros instantes disfrutando el beso de un completo extraño. Después de esos segundos donde el alcohol había sido el verdadero protagonista, lo sintió realmente, sus brazos la rodearon, abrazándola. Alizée se empezó a sentir confundida, mareada, y ya no era el alcohol quién actuaba; cuando él empezó a sobrepasarse, despertó.
Benjamín, benjamín… ¿Dónde estaba cuando más necesitaba de él, de su presencia, su protección? Se había acostumbrado a tenerlo siempre cerca, había estado dependiendo de una persona absorbente y controladora, extremadamente celosa e insegura; aún así, él la adoraba y ella estaba perdidamente enamorada. Pero, ¿Cuánto puede soportar una persona, cuál es su límite? ¿Y, cuándo llegaría a su punto de quiebre?
Las cosas se habían vuelto agobiantes y de alguna forma rutinarias entre los dos, además de una constante actitud desinteresada de su parte, y una explosiva por parte de él. El amor que alguna vez tuvieron estaba en el fondo de un baúl lleno de hermosos recuerdos y experiencias, cubiertos bajo el latoso polvo del tiempo que cambió su historia; su mundo cambió, y ellos hicieron lo propio, distanciándose y aproximándose al final de una relación que ya no daba para más.
Y mientras ella recordaba los sucesos que la llevaron a dejarlo ese mismo día por la mañana, sin más ni más, sin lágrimas de por medio, o últimos abrazos, últimas miradas, últimas caricias, el sujeto desconocido la seguía besando, descontroladamente. En eso estaban en una esquina y nadie los miraba. A nadie le importaba realmente.
Alizée salió de su cuerpo y observó, por unos segundos, a aquella jóven triste y angustiada que besaba sin amor, tocaba sin tacto y pensaba, entre muchas cosas, en la mala compañía que había tenido a su lado tanto tiempo. Volvió.
‘Lo siento, yo… – su voz se entrecortó, y pudo ver el rostro de aquel extraño guapo. Él se mostraba relajado pero a la vez un poco confundido. Sin duda tenía unos hermosos y grandes ojos, y por un momento se había sentido cómoda entre sus brazos, pero claramente estaba de más involucrarse, o intentar hacerlo, con un chico que probablemente ni se acuerde de su nombre al regresar – ‘No te conozco, no puedo hacerlo.’
‘Recuérdame’ – alcanzó a decir antes que atravesara la mampara de vidrio, sabiendo que quizás pasaría mucho tiempo para volver a ver a aquella desconocida que le causaba demasiada curiosidad e intriga como para no conocerla verdaderamente. -´El mundo es chico, y da muchas vueltas´
‘Adiós Maurice’ – respondió cerrando suavemente la puerta de vidrio corrediza, para poder por fin aspirar una gran bocanada de aire y respirar, relajarse. Sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas, su corazón latía a mil por hora y un sentimiento de culpa la carcomía en su interior. Divisó un lugar tranquilo a lo alto, y, antes de disponerse a ir, decidió voltear por última vez, él ya no estaba ahí.
´Te fuiste por un momento Ali´ – dijo Rémy de pronto.
´Estaba recordando la noche que nos conocimos´ – respondió tiernamente y con una sonrisa a medias.
´Irónico´
´Que cosa´
´Acaba de pasar Maurice, te miró y sonrió´ – dijo sin importancia mientras sacaba un cigarrillo y se lo ponía a la boca – ´Irónico, nada más´
