Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Volví una noche a ti.

A tus besos, tus abrazos, tu forma dulce de mirarme mientras yo solo existo en tu mundo, en nuestro mundo.

Me miraste con tanto amor como pudiste, pero yo solo veía a un niño.

Al mismo niño de hace 5 años

Al niño con el cual me vestí elegante una noche, baje las escaleras de mi casa mientras me esperabas sonriente.

Pusiste la rosa en mi pecho.

Perdí esa rosa.

Quizás con intención, quizás por el descuido inevitable de una noche que siempre recuerdo.

Volví a tu rostro pálido, tus manos largas y la barba incipiente que no va a crecer jamás.

Volví a esos ojos rojos y chinos que a veces solías tener, cuando yo no los tenía o cuando si los tenía.

Besas sin hablar, hablas sin besar.

¿Realmente te quiero besar?

Siento que te conozco a la perfección, pero eso solo me lleva a concluir que el motivo de ese hecho es que en estos 5 años que han pasado no cambiaste, ni un poquito.

Ni para bien, ni para mal.

Niño de ojos tristes.

Niño que me abraza fuertemente en la puerta de mi casa.

Todos los años en las madrugadas.

Cómo amaba esos abrazos.

Me sentía protegida, pero solo en ese momento, podía sentir que realmente me querías.

Nunca fuiste capaz de expresarlo en palabras, nunca te escuche decir un te quiero, sino balbuceos de medianoche que me reclamaban una cama, una caricia, una simple mirada.

Nos necesitábamos para saber que quizás, algún día, estaríamos en la misma sintonía, en el mismo lugar, en el mismo camino de nuestras vidas.

Ya no te quiero.

Ya no me haces falta.

Ya no quiero volver a ti.