Rutina nostálgica
Aquella mañana, ella se miró al espejo y no pudo reconocer a la muchacha que se encontraba al otro lado. No hizo caras, gestos, muecas; no intentó jugar con su cabello, ni intentar hacer poses extrañas para tal vez, solo tal vez, tener la pequeña posibilidad de encontrarse en alguna de ellas, sonreír, tomar su bolso y apresurarse en llegar al paradero para llegar a tiempo a la Universidad y no perder esa clase tan fastidiosa en un horario tan inoportuno.
Aquella mañana no pasó nada de eso, Alizée se quedó inmóvil observándose atentamente, después de unos cuantos minutos, su intención ya no era buscarse, ahora ella solo quería descifrarla, quería saber quién era ahora, en qué momento había cambiado y porqué lo había hecho.
La casa estaba en completo silencio, lo cual dejaba que el sonido del pequeño reloj de pared que estaba en la cocina, se escuchara bastante fuerte, y aunque Alizée supiera que cada segundo que pasaba iba incrementando la posibilidad que pierda nuevamente esa clase, se mantenía exactamente con la misma mirada seria del inicio, los labios apretados y las dos manos apoyando parte de su peso sobre la cómoda.El silencio fue interrumpido bruscamente por las llaves de su madre, que intentaban abrir apresuradamente la puerta principal. Obviamente los intentos seguían fallando y después de haber causado un gran alboroto, su madre se detuvo.
Alizée tomó sus llaves, su teléfono celular, algunos de los libros y cuadernos que necesitaba los metió al bolso y caminó de prisa a la cocina para ir comiendo una manzana en el camino. La cocina estaba hecha un absoluto desastre. A pesar que vivían solo dos personas en ese lugar, las cosas parecían acumularse y ensuciarse con mayor rapidez últimamente. Usualmente salían a comer a la calle, o pedían a domicilio, siempre comiendo de los mismos envases en que había llegado la orden; quizás ese era el principal motivo por el cual nunca se preocupaban por la limpieza en general, pues además, rara vez estaban en casa.
Tomó un Post-it, lo aplastó contra el refrigerador y sacando a ciegas un lápiz de su bolso escribió: “Mamá, no estoy segura si volveré para el almuerzo. He dejado un poco del de ayer así que aliméntate un poco. Tal vez salga en la noche, yo te aviso. Te amo”
En ese momento, un escalofrío recorrió agudamente su cuerpo y por un momento creyó conveniente quedarse, pero aún tenía probabilidades de llegar a tiempo, por lo que volvió a tomar el bolso en sus manos. Tal como lo había supuesto, su madre se encontraba inconsciente en el umbral de la puerta, un olor a tabaco y alcohol la rodeaban fuertemente, el delineador lo tenía corrido como líneas mal dibujadas sobre sus mejillas, su madre había estado llorando nuevamente. La recostó en su cama con mucho cuidado para no despertarla, y antes de irse le dio un tierno beso en su frente. La amaba, y odiaba verla de esa forma, pero en los últimos meses había sido esta la historia de casi todos los días, por lo que apenas le causo un poco de nostalgia.
Continuará