Sobre pensar las cosas la historia de su vida
Caminó a paso ligero hasta llegar al paradero, esperando que con suerte el bus que tomaba aún no haya pasado.
– La suerte no existe – pensó.
Las personas o el mundo entero no se organizan para que algo funcione tal y como esperas que lo haga. Las cosas pasan de acuerdo a lo que las personas eligen hacer en determinado momento, y en su caso, no podía esperar que simplemente ocurriera algún percance que retrasara al bus y que evitara que llegara a la hora de siempre a su paradero.
De todas formas, aquello implicaría en una consecuencia igual o mayor de grave que su irremediable tardanza.
Ella vio llegar al bus y supo que el niverso había conspirado a su favor, finalmente, sin embargo, la emoción se empezó a desvanecer cuando su mente empezó a divagar en la idea del percance que había tenido que ocurrir para que ella llegase sin retraso. Subió.
– ¿Qué fue lo que pasó?’ – preguntó.
– Un accidente de tráfico, nada serio por suerte – respondió el conductor, mientras miraba su boleto y se lo entregaba de mala gana– Apúrese, hay más gente que quiere subir.
Agarró uno de los asientos personales a la derecha, apoyó su mejilla sobre el vidrio importándole poco o nada lo sucio que estaba.
El bus se detuvo y las personas empezaron a bajar apresuradas.
- ¿Qué está pasando? – gritó.
Nada.
Cruzó la mirada con la de un chico que estaba por bajar, y él le sonrió.
Entonces el tiempo se detuvo.
- Muchas veces, a lo largo de nuestra vida, nos encontramos en uno de esos momentos sin darnos cuenta – le dijo sonriendo – mirar a un extraño se vuelve en cosa de todos los días, pero, no es hasta que dos miradas, lo suficientemente distraías y pendientes de esa distracción se encuentren.
Y en ese momento – ella respondió – podrás darte cuenta que esa conexión con alguien, no la volverás a tener con nadie más.