Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Reacciona

Juliana empieza a doblar una hoja de papel.
Estaba limpia como su rostro recién lavado, aquel que hace unos minutos aún llevada las manchas del rimel que se salió con el llanto.
Llanto de una tonta.
Llanto de un dolor soportable.
Llanto entre muchos que existieron y existirán
 
Está a punto de sellar la carta pero decide leerla por última vez.
Solo quiere asegurarse de no cometer un error, o aún mejor, de cometer un error planificado.
 
Las lineas no están rectas, así como el desenlace de esa triste historia.
Qué drama innecesario comete esta mujer.
Lee.
Me volví impaciente, intolerante e incluso, un poco tirana contigo.
No se cómo, ni mucho menos, cuándo sucedió.
Al menos en este tipo de situaciones.
Sin estar muy pendiente de este pequeño inconveniente en nuestra relación, pase toda esta mañana contigo, para saber realmente que ya no te soporto.
Y lo digo de esa forma, tan insípidamente vacía, tan eternamente injusta y dolorosa.
Lo supe mientras manejaba hacía ese restaurante que tanto nos gustaba.
Mientras me cogías la mano que tenía puesta sobre la palanca, y rozabas tus dedos con los míos.
Yo solo pensaba: ¿Puedes dejarme manejar en paz?
Es así como terminan muchas relaciones. Claro, lo ideal es no llegar a eso. Pero siempre cabe la posibilidad de que suceda. Y si sucede, bueno, solo hay que lidiar con eso, aprender de él y marcharse dignamente.
Y mientras pensaba en la forma menos cruel de decirte que me dejes en paz, tu me seguías tocando, balbuceando palabras que no recordaría después de unos minutos, como muchas de las cosas que me sueles contar cuando estás así.
Yo, intentando contener las pocas lagrimas que me quedan para ti, y tu, en el asiento de copiloto, medio doblado, medio borracho. Durmiendo y despertando en los baches donde aceleraba para que reaccionaras un poco.
Era obvio que no lo harías, solo quería joderte.

¿Porque? Porque no sentía pena por ti, ni compasión, ni nada más que enojo.

Cólera. Rabia.

Eso me dolía mas que verte así.

Lo que pasó en estos años se resumen en una gran mentira: Voy a cambiar

No lo harías y yo estaba consciente aquella decisión. Y claro, cada vez que pasaba por tu cabeza decir esa frasesita tan irritante como tu presencia en si, sentía como ese remedo de alegría iba ocultando con paciencia, ciertas verdades inevitables. Como el hecho que tienes un problema, y que sabes que lo tienes, pero que no te interesa cambiar.

Te voy a dejar. Aquí y ahora. Mientras abras esta carta llena de lagrimas que no mereces. Te mirare en el acto. Con dulzura. Totalmente cínica. Me mirarás por encima del papel. Confundido. Enojado.

Anda ve a llorarle a tu querida botella. Anda a decirte que la elegiste. Anda, huye. 

Esta no es una simple despedida, es un no te soporto.
Juliana
 Cierra la carta satisfecha. El timbre suena y ella respira profundamente.
Aprieta la carta con fuerza y se acerca a la puerta. Es un oficial. Ojos tristes, carta en mano. Se saca el sombrero. Juliana se cubre la boca. Deja caer su despedida.
Un accidente. Una carta que no va a poder ser entregada nunca