Aquellantonia

Vuela el sonido del mar

Marea alta

Siempre soñe con la playa.

Las olas, la arena, el calor infernal de verano.

No siempre de la mejor manera. Para ser sinceros, casi nunca fue de la mejor manera.

Pero voy a narrar el último sueño que tuve, hace un par de años, cuando mis preocupaciones rondaban entre pasar el curso con buena nota y saber donde pasar las vacaciones.

Estaba en la playa, en el mar. Todos nos bañabamos.

Salte desde muy alto para entrar al agua.

Sentía como las olas pasaban sobre mi cabeza.

Una reunión familiar, amigas cercanas.

No vi bien.

Parecía una gran ola, pero podría ser otra cosa, mucho más aterradora y peligrosa.

Las personas empezaron a correr cuesta arriba, hacía un remedo de muelle.

Pero vi un barco cerca a la orilla, anclado y con dos rampas que me permitían subir.

Corrí. En la arena caliente y sin sandalias. No me dolía.

Encontré a mi mamá en el barco. Nos abrazamos y pude estar tranquila.

Me llevó adentro, me sentó y me empezó a lavar los pies con ternura. Tenía quemaduras de 2do grado, nada grave.

No todas las personas subieron, yo no sabía eso.

Me acerqué a la baranda y lo ví.

Lo vi alzarse como el gran monstruo que gobierna el océano y cerré los ojos.

Cuando los abrí me encontraba en la orilla, con el agua del mar acariciandome los pies, aún ardiendo por la quemadura.

Estoy sola.

Angustia.

La marea esta subiendo, los pies me queman, dónde está mi madre, dónde esta el gran monstruo que gobierna el océano.

Desperté aturdida y con el sabor amargo de un sueño mediocre de despedida.

Tanto tiempo soñando con el mar y sus revueltas. La adrenalina de escapar.

De lograr huir unas veces si, otras no.

¿De qué estamos huyendo realmente?

No he vuelto a soñar con el mar desde entonces.