Busca una semilla. Planta una flor.
Busca una que sea buena y bonita claro, como primer paso solo puedes ver lo externo, aún así, debes tener cierta información de la flor, y es indiscutible el hecho que te guste. Planta esa flor.
La tierra debe ser la adecuada para la flor, por lo que debes evitar tierra pesada con arcilla, arena o rocas esto depende bastante del tipo de flor que elegiste.
Si, deshaste de todo lo malo que pudo estar en ese espacio, si deseas que esa flor se mantenga viva y sana por mucho mucho tiempo.
Escoge un lugar. El que más se acomode a las necesidades de su portador.No mucha luz, no mucha sombra. Estás buscando un término medio.
Planta en el momento adecuado. No tan cerca de la tormenta. No tan lejos del sol.
Deja pasar, cierra heridas, abre tu corazón.
Plantar tu flor y dejarla florecer es tan sencillo pero complejo a la vez como reconocer que conservamos relaciones sin futuro, estancadas en la mediocridad de su existir, bajo la sombra del frustrado limbo de su fracaso.
Hazte a un lado, cruza el rio y suelta.
