Seamos amigos.
Está bien.
Saldremos al cine, tomaremos vino y siempre terminaremos hablando del pasado, de la última vez que estuvimos juntos y de quiénes solíamos ser.
Todo ocurrirá muy lento, muy rápido, muy nada.
Finalmente, te despedirás con un beso en la mejilla y un hasta pronto amargo.
Sí, eso es todo lo que habrá.
Yo con la oreja pegada en la puerta para escuchar el ascensor llegar, recogerte e irse.
Tú ansioso, sin saber si tocar mi puerta o no, sin saber si debes tomar la oportunidad de tenerme de vuelta, o no
Pretenderemos que si no se dio, es porque no se tenía que dar; es fácil.
Y nuestra inexistente relación de amigos continuará hasta que alguien cometa ese mínimo error: admitir que estamos enamorados, aceptar ese amor y no soltarlo nunca más.
